7 de marzo de 2012

Había una vez un sabio...

Hagamos teatro


Special thanks to un colaborador muy especial. Gracias Brat!

Oda a la lectura


Mis recomendaciones:

Saramago:
   - "El hombre duplicado"
   - "Caín"
   - "Memorial del convento"
   ........

Alessandro Baricco:
   - "Seda".
   - "Oceano, Mar".

Andrés Neuman:
   - "El viajero del siglo".

Herman Hesse:
   - "Demian".

F. Pessoa:
   -"El libro del desasosiego".

José María Mendiluce:
   - "Pura vida".

Mario Vargas Llosa:
   -"Travesuras de una niña mala"

Audrey Niffeneger:
   - "La mujer del viajero en el tiempo"

Ernest Hemingway:
   - "El viejo y el mar"

Y un larguísimo etcétera.......     http://www.youtube.com/watch?v=JmPuZNcBYfc     La lectura nos brinda la oportunidad de vivir mil vidas, de ponernos en el lugar del otro, de sentir y vivir aquello que no sentiremos ni viviremos, de imaginar, de aprender y de desear.

Y aquellos que no tenéis mucho tiempo, no tenéis escusas. Hay gente haciendo historias realmente buenas, tremendamente cortas. http://borronycuentonuevo.blogspot.com/

5 de marzo de 2012

Literarios mundos

Bonald y Facundia tenían una manera de estar en el mundo diferente. Quizás el mundo en el que habitaban no era el mismo que pisamos el resto de seres. Nunca hablaban del mundo, pero nunca pararon de dejar de hablar el mundo. Decían. Incluso cuando sus bocas no emitían sonidos, o sus dedos no digitaban ni escribían, sus cerebros, sus pensamientos hablaban y hablaban sin parar. 


Una mañana, tumbados, Facundia apoyada en el hombro de Bonald. Bonald comenzó a recitar:


“Me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias, o como pasas de higo. Un cutis de durazno, o de papel de lija.

Le doy una importancia igual a cero al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisiaco, o con un aliento insecticida.
Soy perfectamente capaz de soportar, una nariz que sacaría el primer premio en una exposición de zanahorias.
Pero eso sí, y en esto soy irreductible, no les perdono bajo ningún pretexto, que no sepan volar. Si no saben volar pierden el tiempo conmigo.”
Texto de Oliverio Girondo adaptado al guión de “El Lado Oscuro del Corazón”     
I've got my heart                                Ahora tengo mi corazón,
Here in my hands now                        aquí, entre mis manos.
I've been searching                             Estube buscando
For my wings some time                     mis alas por un tiempo.
I'm gonna be born                               Voy a nacer
Into soon the sky                                para volar por los cielos.
And the bird girls go to heaven            Y las chicas aladas van al Cielo.
I'm a bird girl                                     Soy una chica con alas.
And the bird girls can fly                     Y las chicas aladas pueden volar!
Bird girls can fly"                                Las chicas aladas pueden volar!"




Facundia con los ojos cerrados, escuchaba atentamente, sonreía, y lo dejó acabar... Cuando Bonald terminó de decir, Facundia se acercó a su oido...

"I am a bird girl now                           "Ahora soy una chica con alas.
'Cause I'm a bird girl                           Pues soy una chica con alas.




La sonrisa de Facundia dejó paso a carcajadas compartidas. Y a miradas que sellaban pactos. Tras la tempestad, la calma del abrazo.
                                                                                                                         Navío
                                

Cargada de futuro

http://www.youtube.com/watch?v=bKnEaCweikg


Intervención en la manifestación del 19 de febrero


El 10 de febrero de 2012, el Gobierno del Partido Popular, por un Real Decreto de Ley y sin contar con los agentes sociales, ha decidido imponer una reforma laboral que es una verdadera agresión a los derechos de los ciudadanos.
Se han roto todos los consensos sociales y se dejan libres las manos de la explotación. Cuando los poderes financieros actúan de forma más cruel, el Gobierno del Partido Popular deja a los trabajadores a la intemperie. Llueve sobre mojado. En el mes de septiembre de 2011 los sindicatos convocaron una huelga general porque el Gobierno anterior pasó de la lluvia a la tormenta. Con este Gobierno pasamos ahora de la tormenta al huracán. Las cosas estaban mal, pero se ponen mucho peor. Bajo las explicaciones burocrática, demagógicas y torticeras, el Decreto Ley se resume en una barbaridad: el despido será más rápido, más barato, más sencillo, sin regulación de las leyes y sin vigilancia ni arbitrio del los jueces.
En vez de solucionar la tragedia andaluza y española del desempleo, la derecha decide atacar la dignidad laboral de los que tienen trabajo. En vez de convenios colectivos, se anuncian despidos colectivos, tanto en el ámbito público como en el privado.
El Gobierno no ha querido crear empleo a través de la única manera posible: las inversiones públicas, la animación del consumo y la aprobación de normas financieras para que los bancos dejen de acumular capital en la economía especulativa y ayuden con créditos a la pequeña y mediana empresa en favor de la economía productiva.
Y es que el Gobierno no trabaja para los ciudadanos españoles, sino para los grandes intereses financieros multinacionales. El Gobierno no responde a la soberanía nacional. Por eso facilita nuestro despido no solo como trabajadores, sino también como ciudadanos. ¡Estamos perdiendo nuestro puesto de ciudadanos en esta democracia basada en las mentiras!
El Gobierno se cree legitimado para todo por las urnas. Es verdad, ganó las últimas elecciones. ¿Pero eso lo legitima para todo? Yo le recuerdo al Gobierno que pidió el voto de la gente para combatir el paro y para crear puestos de trabajo. Mentía. En su programa electoral no estaban unas medidas económicas que han generado ya y van a seguir generando más desempleo. En su programa electoral no se encontraba esta reforma laboral que facilita el despido y somete a los trabajadores a una precariedad cada vez más parecida a la indefensión del esclavismo. Y nosotros no somos esclavos. Somos ciudadanos. El programa electoral del Gobierno fue una gran mentira y sus votos no lo legitiman para dinamitar el diálogo social y la dignidad de los trabajadores.
Democracia es poder votar, pero es también no ser engañado por los programas electorales mentirosos. Democracia es que el trabajo forme parte de la justicia social, construir una comunidad equilibrada, defender el bienestar de las personas y asegurar los servicios públicos. La sanidad pública, la educación fundada en la igualdad de oportunidades, el trabajo digno y los salarios justos son los argumentos reales de la democracia. No pueden hablar en nombre de la democracia aquellos que agraden con recortes los derechos públicos para favorecer los intereses privados, aquellos que ponen en duda el sistema de pensiones del Estado para favorecer los fondos privados que después utilizarán los bancos para especular con sus inversiones despiadadas.
No puede hablar en nombre de la democracia quienes empobrecen de forma consciente la vida de sus ciudadanos, quienes acaban con la regulación de sus horarios y sus jornadas laborales, quienes juegan con el despido como medida preventiva y cierran los ojos ante una trágica situación de desempleo, quienes refuerzan una y otra vez los desmanes de una economía neoliberal propia de la acumulación salvaje y desalmada de capitales.
Que dejen de mentir. Que no intenten robarnos nuestra condición de ciudadanos.
Mienten cuando afirman que la culpa de la crisis económica la tienen los salarios.
Y mienten cuando afirman que la culpa del desempleo la tiene una legislación laboral atenta a los derechos de los trabajadores.
Y mienten cuando afirman que el sector público pesa demasiado. La verdad es que estamos muy por debajo de los países desarrollados de Europa en atención social y en puestos de trabajo. Así que mienten.
Y mienten cuando afirman que su intención es crear empleo.
Y mienten cuando afirman que imponer la precariedad laboral hasta los 30 años es animar el empleo joven.
Y van a seguir mintiendo en el Parlamento cuando utilicen las discusiones y el proceso de enmiendas para endurecer todavía más esta reforma con ayuda de la derecha catalana, esa derecha que quiere hacer con Andalucía lo mismo que la derecha Alemana está haciendo con España.
Mienten, mienten, mienten… La mentira es la condición de su estrategia política. Y ya está bien de mentiras, porque las mentiras fundan el dolor. Maldita sea una economía que aumenta las desigualdades y permite que en España haya hoy 11 millones de personas que viven bajo el umbral de la pobreza.
Cuando una comunidad descubren el asalto del enemigo, los vigilantes dan la voz de alerta y llaman a las armas. Nuestras armas democráticas son la movilización y la conciencia política. Llamemos a la movilización y también a la política.
¡A la política! Porque esta batalla no es sólo un problema de los sindicatos. La falta de respuesta no será sólo una derrota sindical. Esta batalla es de todos los ciudadanos y ciudadanas, los que están en paro, los que ven peligrar su puesto de trabajo, los que van a ser humillados con una legislación laboral tan mezquina y los que están a punto de perder su condición de ciudadanos en manos de la mentira, de los políticos que traicionan a la sociedad para ponerse del lado de la banca y de los poderes financieros.
¡A la movilización! ¡A la política verdadera! Que los políticos asuman también su responsabilidad en esta lucha, que den la cara, que no dejen solos a los sindicatos, que respondan al asalto contra la democracia, que denuncien las mentiras de los banqueros y de sus cortesanos.
Mienten con tanta desfachatez porque se sienten fuertes, porque han heredado la prepotencia de la dictadura franquista y su falta de compromisos sociales. Como están acostumbrados a los paraísos fiscales, quieren disfrutar también de un paraíso jurídico.
Quieren ser los dueños de un país en el que las leyes permitan la explotación libre de los seres humanos.
Quieren ser los dueños de un país sin pudor, capaz de inhabilitar al juez que intenta investigar los crímenes del golpe de Estado de 1936, el juez que quiere ofrecer justicia, verdad y reparación a las víctimas.
Quieren ser los dueños de un país que declara inocentes a los corruptos de las tramas económicas y castiga al juez se atreve a perseguirlos y a evitar la evasión de capital.
Quieren ser los dueños de un país en el que los valores sociales, la educación, la sanidad y la dignidad laboral no sean derechos cívicos, sino limosnas que dependan del buen humor o del mal humor de los señoritos.
Frete a la impunidad y la mentira social, no sólo basta con la verdad, con nuestra verdad de ciudadanos. Dependemos también de la esperanza. Hay alternativas, cambiar las cosas es posible, es posible una política distinta, una correlación de fuerzas distinta, un poder distinto, más justo, más solidario, menos cruel y mentiroso.
Yo sé que vivimos tiempos de descrédito. Desde luego es más cómodo descreer, no comprometerse, desconfiar de las ilusiones colectivas, de los políticos de izquierdas, de los líderes sindicales, de los sueños republicanos. Es más cómodo sentirse puro, despreciar a los demás. Pues bien, yo no vengo aquí como un poeta puro, sino como un poeta y un ciudadano comprometido. Sé que alguien estará pensando ahora que sólo hago poesía barata, que me he subido a esta tribuna para decir también mentiras. Pero os prometo que estoy hablando con el corazón en la mano. Y en el bosque de las mentiras y el fatalismo, el corazón es la fruta de la libertad. No dejemos que la derecha y el pensamiento reaccionario nos quiete la esperanza, porque eso es tanto como darnos por perdidos.
Frente a la mentira, verdad y esperanza. Frente a la ley del más fuertes y el sálvese quien pueda, espacios de unidad, plataformas de diálogo, acuerdos para defender nuestros derechos. Frente a la ambición insaciable de los avariciosos, una palabra colectiva que se levante para decir basta, basta ya de mentiras, basta ya de atropellos, porque no estamos dispuesto a que el siglo XXI y la vida de nuestros hijos estén gobernados por la explotación. Los mismos que quieren borrar nuestro pasado están dispuestos a dejarnos sin futuro. Pero tenemos memoria y esperanza, ejemplos de lucha y compromisos con el mañana. Vamos a estar de pie y abiertos hasta el amanecer.
Nos hemos reunido aquí para levantar, frente al silencio y la mentira, nuestra voz. Justas y juntas, indignadas y esperanzadas, repitamos las palabras que componen nuestro patrimonio: Trabajo, Dignidad, Cultura, Libertad, Igualdad, Fraternidad, Justicia Social. Y, por supuesto, compañeros y compañeras, Salud y República.
Luis García Montero

4 de marzo de 2012

Un poquito de autocrítica

¿Quién cerró el diario español Público?

Pascual Serrano/

¿Quién cerró el diario español Público?

Finalmente el diario Público ha desaparecido en su versión en papel, aunque se mantiene la digital. Público llegó a los quioscos el 26 de septiembre de 2007, editado por Mediapubli, y hoy llevaba perdidos unos 80 millones de euros con una deuda total actual que ronda los 21 millones1. Jaime Roures, principal impulsor del rotativo, anunció a la plantilla que la empresa necesitaba unos nueve millones de euros para mantener la edición impresa en las actuales condiciones, por lo que él y sus socios estaban buscando inversores. Tenían alrededor de un mes para reunir el capital, plazo que marca la ley para presentar un plan de viabilidad tras la suspensión de pagos, pero las gestiones llevadas a cabo —tanto en España como en América Latina— no prosperaron.

Según la empresa, la suspensión de pagos se hacia debido a “la intensificación de la crisis publicitaria, la profunda transformación que está sufriendo el sector de la prensa escrita y las dificultades para acceder a nueva financiación”. Roures dijo, desde un hotel de Beverly Hills en los Ángeles, que las razones eran “la crisis económica, la del papel frente al medio digital y la de la política de izquierdas en España”2

¿Por qué ha resultado inviable Público? Su director, Jesús Maraña, en una despedida repleta de lanzamientos de balones fuera, aporta razonamientos demasiado imprecisos: “La agudísima crisis económica, la publicitaria, la del papel… son factores decisivos que han hecho inviable el proyecto de ‘Público’, como también lo son los propios errores desde la dirección del diario o desde la empresa editora”3. Hasta el último momento la dirección del periódico alardeaba de ventas y lectores; y si de errores de la dirección y de la empresa se trata, podría el director precisarnos algo más.

El colaborador Antonio Avendaño reconoce en su columna de despedida4, con metáfora sanitaria incluida, que él no entiende muchas cosas:

“de la muerte de Público, que se hace efectiva hoy 24 de febrero del año de desgracia de 2012, apenas sabemos nada. Por no saber, ni siquiera sabemos si se ha muerto o lo han matado (…) . No se sabe muy bien qué pasó allí dentro ni quiénes eran los especialistas llamados a salvar a Público, pero sí sabemos que fracasaron, aunque no por qué se produjo ese fracaso: si por falta de fe, por falta de pericia o, simplemente, porque no hubo forma humana de acopiar esas pocas pero cruciales bolsas de sangre que había que transfundir con urgencia al enfermo, aunque también es verdad que la sangre que gastaba el puñetero es de un tipo muy poco usual y muy difícil de encontrar en los bancos (de plasma sanguíneo).
¿Nos morimos solos o nos matan? De algún modo, todos los que mueren antes de tiempo mueren porque los matan. Público se ha muerto antes de tiempo. Y si es así, ¿quién lo ha matado? Es cierto que también se puede morir de muerte natural antes de tiempo, pero cuando se producen tales muertes todos tenemos la impresión de que no han sido muertes naturales en sentido estricto. Con Público nos pasa algo de eso: muere tan joven que nos cruza velozmente por la cabeza el mismo pensamiento que cuando muere una muchacha en el esplendor de su juventud: por qué diablos vivirán tantos años algunos que no lo merecen y tan pocos años estos otros que nos hacían la vida tan interesante”.
Mi admirado Isaac Rosa tampoco aporta muchas claves de los sucedido, en parte por su estado de ánimo: “Otro día, si quieren, discutimos sobre qué hay que hacer (y qué no hay que hacer) para tener un medio crítico, y qué lecciones hay que aprender de Público. Hoy, como comprenderán, no tengo humor para ello”. Aunque sí insinúa que Público ha estado funcionando gracias a la heroicidad de sus trabajadores: “Ni la independencia, ni la voz crítica, ni la libertad ni la valentía surgen espontáneamente por fundar una cabecera, ni aparecen de la nada porque así lo quiera la empresa o porque figuren en una declaración de principios. Hay que pelearlos día a día, dejándose horas, esfuerzo, nervios y no poca salud, atreviéndose a mirar donde otros no miran y a preguntar donde otros asienten; hay que dar la cara como la han dado todos estos trabajadores hasta el último día (…)”. Pero Rosa también insinúa soledad por parte de ellos: “Ya sé que hoy es día de lamentar el daño a la pluralidad informativa, la pérdida de una voz crítica, la orfandad de tantos lectores o el hueco que queda en el lado izquierdo del kiosco cuando más falta hace tenerlo cubierto, en tiempos de ofensiva reaccionaria. Pero me permitirán que no gaste mi última columna en repetir tópicos, pues ninguno de ellos ha salvado el periódico, ni tampoco han sido esos lugares comunes y afectados los que han hecho posible que el diario esté en la calle cuatro años y medio”.5
Por último, los trabajadores en su comunicado hablan de “mala gestión de la empresa”, sin ahondar más en el asunto.
Según los últimos datos de la OJD, el periódico tenía un promedio de tirada de 129.679 ejemplares, y 87.983 de difusión6. Si uno consulta el listado de diarios de información general auditado por la OJD, descubre que, de casi un centenar, Público se encontraba el séptimo en tirada y octavo en difusión. Es verdad que los regionales se pueden permitir menos tirada porque conllevan menos coste en distribución y en elaboración, pero es indiscutible que la acogida de lectores de Público no era mala. Es evidente por tanto que los datos de ventas y lectores no justifican por sí solos la inviabilidad del proyecto.

Pero creo que la izquierda debería reflexionar sobre lo sucedido con Público y aprender algo de la experiencia. Lo primero a destacar es que, aunque se presentaba como una propuesta informativa de izquierdas, sus propulsores, o mejor dicho su propulsor, era un empresario adinerado que asumía económicamente la iniciativa, Jaume Roures. Un financiador que intentó jugar simultáneamente a dos cartas: seducir a la ciudadanía más radical presentando sin ambages un periódico de izquierdas y prestar un leal servicio a un sector del entonces gobernante partido socialista, excesivamente dependiente del grupo PRISA. Los primeros servían como caladero de lectores en un panorama huérfano de medios que se posicionaran en la izquierda nacional e internacional, y los segundos para conseguir unas buenas relaciones con un poder político que le garantizaran acceso a adjudicaciones a su productora (RTVE), licencias de emisión, acceso a diferentes servicios lucrativos (fútbol), etc... El plan parecía estratégicamente acertado pero incluía una grave contradicción: te unías a los rebeldes por un lado y aceptabas las reglas de juego por otro. Es decir, como se diría en castellano antiguo, querían estar en misa y repicando.

Como resultado de este doble juego aparecían cosas curiosas que resultaban imperdonables para los lectores de la izquierda (la de verdad, no la que gobernó en nombre de los mercados). No se comprendía que se le concediese el artículo estrella de opinión al embajador israelí, que se uniese al final al discurso de hostilidad contra los gobiernos progresistas latinoamericanos, que tuviese tres directores en tres años y uno terminara en la nómina del gobierno socialista, que incorporase analistas oportunistas de El País (Ernesto Ekaizer) o que la presencia de líderes del PSOE fuera constante. Ahora leo algún twitter de periodistas de Público quejándose “las interferencias constantes de Roures en el trabajo de la redacción”. Por otro lado, la pata de “apoyo político” se le quebró cuando el PSOE pierde las elecciones generales y el sector del partido más cercano a Público pierde el congreso. El resultado es que quisieron jugar a dos bandas y se quedaron en tierra de nadie.

Además, en su diseño y forma Público jugó a ese periodismo moderno de urgencia y brevedad, es decir, se fue a jugar a un terreno que no es el del periodismo escrito, sino que es el de internet y perdió, sin que su buena selección de DVD's y libros de regalo lo pudieran evitar. Las películas y los libros sirven para vender ese día -aumentar la tirada y poder contratar la correspondiente publicidad- pero no te garantiza fidelidad diaria que es lo que necesita un periódico.

Por último, cuando los directivos y accionistas de Público veían que se acercaban al abismo pidieron ayuda a los lectores, apelaron a nuestro compromiso con un medio de izquierdas. Era lógico que así lo hicieran, pero para pedir ayuda a los “camaradas” hay que poner las cartas sobre la mesa: compartir la contabilidad, hacer públicos los sueldos y honorarios de todos los que trabajan, ofrecer cauces de participación para la selección de los contenidos, firmas y sueldos; y probablemente cambiar el modelo de accionariado. En Italia, Il Manifesto también ha declarado recientemente suspensión de pagos, pero ellos llevan años explicando su política salarial y exponiendo a los lectores su contabilidad.

Pero sería injusto, desde la izquierda, limitarnos a criticar a Roures y al resto de accionistas de su proyecto. Antes de Público, con todos sus errores y contradicciones, estábamos peor, su aparición tampoco obstaculizaba ningún otro plan mediático más radical. Basta observar cómo molestaba a la derecha mediática montaraz, la fauna de “intereconomía” no dejaba de embestir contra ellos y se jactaron de un modo miserable de su cierre7. También toca hacer alguna autocrítica de los lectores y audiencias de izquierda. La mayoría sigue esperando el “mirlo blanco” millonario o empresario: Roures con Público, Teodulfo Lagunero con La Voz de la Calle. Un medio de izquierdas con un contenido valioso y verdaderamente alternativo sólo puede existir si hay una audiencia que le apoya y le promueve, en realidad es lo mismo que sucede con un sindicato o un partido político, nadie va a hacer el trabajo que sólo la colectividad puede hacer. No podemos poner la esperanza mediática de la izquierda en manos de un empresario que le pilla el cierre de su periódico en un hotel de Beverly Hills con motivo de los Óscar.

Y así llegamos al terreno de la economía. La izquierda no puede estar pidiendo información gratis, reportajes gratis y periodismo gratis y luego quejarse con tristeza cuando ve cómo las iniciativas terminan arruinadas. O pagamos nosotros o pagan los poderes públicos. La derecha no tiene ese dilema porque cuenta con grupos económicos dispuestos a poner -y perder- el dinero que haga falta: como accionistas, como anunciantes, como patrocinadores. Por eso Libertad Digital gana dinero aunque tenga menos lectores que muchos medios digitales alternativos de izquierda, o La Gaceta no cierra aunque su cifra de difusión sea la mitad que Público (según la OJD 45.835 respecto a 87.983 de Público). Se juegan la defensa ideológica del mantenimiento de su modelo, es lógico que estén dispuestos a pagar por ello. Por el contrario, la izquierda, o logra que los gobiernos colaboren como lo hacen con otros servicios públicos como la sanidad o la educación, o lo pagamos entre todos para que se mantengan. Si observamos el panorama de medios de prensa verdaderamente de izquierda que hay en el mundo, ninguno se mantiene gracias a un millonario. Detrás hay lectores que se creen el proyecto y lo pagan: Le Monde Diplomatique, Il Manifesto, El Viejo Topo, Diagonal. U organizaciones que asumen las pérdidas, en el caso de Mundo Obrero con el Partido Comunista. Pueden tener algunos textos gratuitos en internet pero ninguno se encuentra íntegramente en la red. Es curioso, El País, ABC o La Gaceta sí están enteros en internet. Acaso alguien cree que ellos están más preocupados por la “socialización de la información”. ¿No será que ellos tienen ya a El Corte Inglés, Repsol, BBVA o Telefónica para sobrevivir y no necesitan lectores que paguen?

Detrás de proyectos alternativos escritos que funcionan como The Nation en Estados Unidos o New Left Review en el Reino Unido hay unos lectores convencidos de la necesidad de mantenerlos y financiarlos. Il Manifesto periódicamente se ve obligado a sacar un ejemplar por cincuenta euros para tapar sus frecuentes agujeros económicos, La Jornada de México logró fondos subastando cuadros y The Nation cuenta con 30.000 socios solidarios que pagan por encima del precio de la suscripción. Nosotros, en cambio, queremos que esté gratis en internet y comprarlo los domingos cuando nos regalen un DVD.

Luego están los gobiernos progresistas latinoamericanos, que, con razón, se quejan de la “dictadura mediática” que domina la información mundial y que tanto les vapulea, manipula y tergiversa. Muchos de esos gobiernos, con gran acierto, han desarrollado sus medios públicos, aprobado legislaciones destinadas a avanzar en la democratización de la comunicación concediendo licencias a los movimientos sociales, han establecido límites a la concentración de medios en sus países. Pero la información ya no tiene fronteras, deben tener la audacia y la visión para pensar fuera de su país. Si sus recursos naturales son gestionados por las empresas españolas, muchos de sus servicios públicos también son prestados por estas empresas e incluso parte de sus medios de comunicación están en poder de multinacionales españolas, ¿por qué no se plantean esos gobiernos la necesidad de dedicar parte de su esfuerzo y recursos a participar en alguna opción mediática española que rompa el monopolio de la derecha? ¿cómo esperan que mejore la imagen falsa y manipulada que existe en España de esos gobiernos? ¿esperan que rompamos ese cerco mediático y logremos llevar la verdad de esos países a los españoles unos cuantos periodistas con nuestras páginas webs?

Como conclusión sólo resta decir que no es fácil enfrentar el actual panorama monolítica de medios de derecha, incluso no sé siquiera si es posible si tampoco sabemos cambiar los gobernantes y continuamos con gobiernos que se rinden ante el mercado al que, igual que hacen con el resto de los sectores económicos, dejan a él el control de la información y el periodismo. Pero generaciones y generaciones de hombre y mujeres han luchado en la historia de la humanidad por cambiar situaciones que parecían más difíciles que las actuales. Y algunas veces -no muchas- lo consiguieron. Por pocas que fueran nos deben de bastar para apostar por seguir luchando.

Un tipo normal...

Que a veces se siente un superheroe, y otras desearía serlo.

         Hay mañanas en las que me levanto con ganas de salvar el mundo, con fuerzas para que los desajustes que nos abofetean cada día no puedan conmigo. Días en los que mi sonrisa es imborrable.
Y otros en los que el cansancio cambia mi humor, en los que la frustración, por ver que una licenciatura no me abre las puertas que me prometieron, me hace mella. Que formo parte de una estafa llamada Master en formación del Profesorado. Que mis supuestos títulos de idiomas sacados por el CSLM (FUECA-UCA) no son tan oficiales como se suponía. Que en Jerez, ya más de la cuarta parte de la población está en paro. Que hay quien lleva meses trabajando sin cobrar. Que los pobres y la clase media somos cada vez más pobres. Que los culpables de todo esto siguen hinchando sus carteras, se creen intocables y, con seguridad, ríen, ríen y se ríen de nosotros y de toda esta farsa a la que los pequeños llamamos crisis.

Para estos días...tengo reservado mi par de calcetines favorito.




O Batman conquistou a preferência dos leitores
http://www.publico.pt/Cultura/e-o-melhor-super-heroi-da-historia-e-o-batman-1535833